Propósitos

Alguien adjudicó que el 3er lunes de enero era el día mas triste del año, por la climatología (países del hemisferio norte, entiendo),la cuesta de enero, el dinero que nos hemos gastado en navidad, que el vaquero no nos entra por los roscones (son muy malintencionados ) y porque los propósitos que nos propusimos a principio de año, ni nos hemos planteado empezarlos.

Vamos a dar una vuelta de tuerca a todo esto, yo este año me he puesto muy pocos propósitos, por no decir ninguno, a mitad de diciembre me dije que tenia que escribir más y mira a que fecha estamos. En el gimnasio voy bien pero no estoy satisfecha del todo,como que me siento estancada.

Cada cual tiene sus fallos, yo tengo el de empezar y no acabar. ¡ No rematas! Me decía mi madre, cuando después de fregar los cacharros no recogía los restos de comida del desagüe de la pila… En fin.

Mi propósito de este año es, rematar todos los flecos de cosas que tengo empezadas por ahí (ufff me estoy agobiando) y los que empieze,terminarlos.

Dado que nuestra vida es una mezcla de montaña rusa y noria, una por los altibajos y la otra porque pasas una y otra vez por los mismos sitios y te paras en donde no quieres estar, los propósitos también fluctúan.

Pararme a escribir ya ha sido un gran paso para mi, nunca era el tiempo para sentarme al ordenador, es como que tengo que visitar a mi tía, que la tengo pared con pared pero nunca toco su puerta, y llevo así desde antes de navidades, que si no tengo tiempo, que ahora estoy con gripe y físicamente no me encuentro bien….escusas varias.

Pues tengo muchas cosas que contar, pensamientos que he ido sopesando sobre situaciones que me han pasado y que me gustaría soltar al aire por si a alguien le puede servir, o no.

El mensaje

El mensaje te llega cuando estás mentalmente disponible a escucharlo, me explico.

Desde pequeños estamos bombardeados de mensajes, positivos y negativos, de la familia o del exterior. Algunos de esos mensajes calan dentro de nosotros, igualmente de forma positiva o negativa. Con unos avanzas y con otros puedes acabar en terapia porque te han hecho muy difícil la existencia.

Luego están los mensajes motivacionales, charlas Ted, o algún gurú de turno que te repite una y otra vez como cambiar tu vida para ser feliz.

En estos últimos días, me han llegado varios mensajes, no creo en las casualidades, uno era de un chico con parálisis cerebral que le han operado ya 50 veces y otro de una película que llevaba para verla mucho tiempo, pero nunca encontraba el momento, se llama Nyad.

Hay gente que se queda en la superficie, se emociona con la positividad de Roque, su valor y coraje o la sra mayor que cruzó el mar con la ayuda de sus brazos y piernas y luego lo olvidan y vuelven a sus pequeñas miserias sin que el mensaje les calara algo.

Oyendo a Roque me vienen las creencias budistas de vivir en el ahora, sin descuidar el mañana. ¡Actitud positiva siempre! Es que esa frase es de enmarcar. Me emocionó su entrevista, de como se tomaba la vida él y su familia. Y ahí lo entendí todo. Roque es un ángel, que viene a darnos un mensaje, positividad hacia la adversidad y fluir ante las cosas que puedan ocurrir y no podamos controlar.

Cuando vi la película basada en la nadadora Diana Nyad, que realmente desconocía la vida y logros deportivos de ella, me cautivó. Una mujer que ha dedicado toda su vida al deporte, que se da cuenta de que la edad de las velas de la tarta no le representan, y que todavía tiene mucho que decir. Tiene un reto que cumplir antes de abandonar esta existencia y es nadar en mar abierto entre Cuba y Estados Unidos. Si ella pudo con 65 años, ¿Cómo no voy a poder yo con 52?

Por eso digo que son ángeles, y no por eso quiero decir que sean perfectos, o que haya que idolatrarlos como seres sobrenaturales, son humanos, con sus egos, sus defectos, y sus virtudes.

Y hay muchísimos mensajes que todavía tengo que asimilar, amor propio, liderazgo, como dirigirte a los demás y como quieres que se dirijan a ti…

Y si miramos a nuestro alrededor estamos rodeados de ellos, vienen a darnos fuerza, positividad, coraje, a no rendirnos nunca, y no es casual que todos tengan una minusvalía o una edad en la que tendrías que estar pensando en la jubilación, su ejemplo es su propia vida, no puedes predicar algo que tú no has vivido en tus propias carnes. Ellos no piden ciega admiración ni lástima, quieren que te mires en el espejo y te digas: yo puedo.

Mujer desnuda con medias naranjas

Acabo de leer un reportaje de un pintor, Egon Schiele, en él, se expone que los desnudos de sus cuadros a día de hoy, terminando los primeros 25 años del siglo XXI, siguen siendo censurados, poniendo como ejemplo al cuadro de mujer desnuda con medias naranjas. En él se puede apreciar una mujer posicionada de frente al espectador mirando hacia un lado, con la única vestimenta que unas medias, como el título del cuadro indica. Pero ¿Por qué se sigue censurando los cuadros de desnudos de este autor? Porque ahora, más que nunca, nos negamos a ver la realidad.

Ahora, puedes ver mujeres desnudas en cualquier lugar, plataforma o revista. Son mujeres guapas, la mayoría han pasado por el quirófano para tener los pechos más bonitos, los glúteos más redondos y los labios más voluptuosos. Las niñas y mujeres quieren ser como ellas, empiezan poniendo filtros de belleza en sus fotografías y en cuanto tienen dinero se operan para parecerse a ellas. Esto no es nuevo, los cánones de belleza existen desde que el mundo es mundo, desde que existe la necesidad de gustar a otro, sea del sexo opuesto o no.

Pero este cuadro muestra a una mujer real, el autor no busca una belleza para gustar, solo expone la realidad. La mujer que se muestra, es bella, tiene un cuerpo bonito, pero le da igual lo que piensen otros, de hecho ni siquiera mira al frente. El rictus de su cara demuestra su carácter fuerte y determinado, no es sumisa. La sociedad a día de hoy no está preparada para una mujer así.

Este cuadro, como todos los de este autor, han sido analizados hasta la saciedad, pero hoy le ha tocado mostrarse frente a mí, retándome, porque lo que me muestra es algo que yo anhelo, el autoerotismo, la ausencia de la necesidad de gustar al otro, solamente gustarte a ti.

Volvemos a otro discurso manido, el de que a las mujeres se nos inculca que tenemos que gustar a los otros, las modas y la publicidad bombardeándonos todo el tiempo, para que odiemos nuestros cuerpos y nos sometamos a todos los tratamientos de belleza posibles para alcanzar esa perfección que nunca llega.

Con la edad madura te das cuenta de que eso a los hombres les da igual, ellos solo buscan sexo, algunos tienen unos cánones más marcados y otros es a la primera que les diga sí.

Ya una tiene una edad y mira para atrás todas sus fases, la de querer gustar a todos teniendo los más absurdos complejos, la de estar hasta el moño de una relación tóxica y mandar todo a la mierda, otra fase de falso subidón de ego y tirarse a todo lo que se menea (con mis cánones, claro) y otra más serena de estar a gusto con la persona que quieres y te quiere.

Peeeeeeeero, a los 50 llega la menopausia. Ahora se empieza hablar mucho de eso, no sé si es porque somos muchas en esa edad o el algoritmo de IG me lo manda (quizás sea más por lo segundo)

Creo que se está frivolizando mucho esa etapa, como casi todo lo que nos ocurre a las mujeres. Es un reseteo brutal, tus hormonas, tu cuerpo y tu mente se vuelven locas, te replanteas todo y si ya llevas arrastrando pequeñas depresiones que llevabas tapándotelas a ti misma años, salen a la luz, todo junto como una piñata en un cumpleaños. Yo en mi caso llegué hasta el fondo de la piscina y ya no era de color azul cielo sino de un color verde oscuro tirando a marrón.

Lo mejor que hice en ese momento es pedir ayuda psicológica, y me ha ayudado mucho, pero no lo es todo, me queda mucho por transitar.

De repente te das cuenta de que ya no quieres gustar a otros hombres, te la suda ampliamente (Y menos mal que tengo pareja porque me pasa esto sin pareja y me quedo sola ya para lo que me resta de vida, y tan feliz) pero al desaparecer esa necesidad deja un vacío existencial y muchas preguntas. Ya no te ves igual en el espejo, bueno sí, los complejos siguen estando, la diferencia es que ya no te interesa estar más delgada o más guapa para otros.

Entonces llega otro discurso,» Vístete para ti, gústate a ti misma»… Muy bonito, pero, no es tan fácil.

Y ahí está ella, delgada, desnuda y mirando para otro lado, con un rictus serio, desafiante. Y me acuerdo de la actriz Emma Thompson en su película «Buena suerte, Leo grande», (que por cierto no he visto)en la que habla del desnudo de la mujer madura, sin artificios, gustándose a sí misma.

En un anuncio de cápsulas para disminuir los trastornos de la menopausia (sofocos, falta de libido, sequedad vaginal…)sale un señor, supuestamente doctor de algo, diciendo que en esa etapa se produce una desconexión entre los ovarios y el cerebro y por eso es nuestra falta de libido y que tiene que ser el cerebro el que tome las riendas de nuestra sexualidad o sensualidad. También te digo que ese es el mensaje que me llegó a mí o lo que le entendí.

Y como en el reseteo de un ordenador me encuentro yo, como tantas mujeres de mi edad, con más o menos conciencia, haciéndose cargo de que ya no van a volver a los valores de fábrica que o le instalas el programa «Ana 5.2» o el programa Ana 5.3 no funcionará correctamente, en términos reales, sentirme bien conmigo misma.

¿Cómo se llega a ese estado de conciencia? Estoy trabajando en ello.

Nada

Vivimos en una eterna agonía, con el miedo a la carencia. Miedo a quedarnos sin dinero, sin trabajo, sin pareja, sin coche, sin casa.

Ese miedo es el que mueve el consumismo salvaje donde estamos sumidos ahora. Pero ¿que pasaría si nos lo quitasen todo? Nada.

No estamos preparados para asumir el vacío inmenso de la nada. Nada que hacer, nada que decir, ni donde decirlo, nada que escuchar, salvo nuestra propia voz interior.

El 28 de abril me encontraba en el ordenador haciendo un trabajo de dibujo con AutoCAD, tenía que entregarlo antes de las 12 de la noche de ese mismo día, de repente, se apagó todo. No había luz, y el tel. no funcionaba, cobertura cero.

Pensé, bueno, el programa tendrá autoguardado, voy a ducharme ahora que el agua del termo todavía está caliente.

Lo siguiente que pensé es que me tenía que ir a trabajar, y, recién duchada con el pelo aún húmedo, abrí la puerta de mi casa para preguntarle a mi Tía Lupe que vive al lado, si ella tenía luz. Cuál fue mi sorpresa que estaba ella, mis primos y otra vecina. Todos me dijeron casi al unísono que el apagón había sido nacional, y que Portugal y Francia también lo estaban sufriendo. Ahí se me cerró el estómago, como cuando se cierra una ostra.

Lo primero que pensé antes de ir al trabajo es ir a ver como se encontraba mi madre, cuando llegué a su casa busqué el transistor de mi padre, ya que lo único que funcionaba era la radio.

En menos de 30 minutos retrocedimos a 1940, mi madre y yo en la mesa de la cocina oyendo las noticias: que nos quedásemos en casa, que las carreteras estaban colapsadas… Le dije a mi madre, míranos, estamos como cuando la abuela decía: ¡Están radiando el parte!

De lo que pasó después, cada uno tenemos nuestra propia historia.

Teorías conspiranoicas dicen que esto fue un experimento, pues creo que no les salió del todo bien.

¿Qué pasa cuando te quitan la conexión de la Matrix? Pues que te reconectas con la vida.

La gente salió a la calle, si querías saber de alguien no te quedaba más remedio que irle a ver a su casa, los niños cogieron la pelota, incluso alguno cogió un libro.

Las personas que tenían familiares lejos no les quedó más remedio que confiar en que ellos iban a estar bien.

Todo fue muy bonito, pero se olvidó al día siguiente. Al volver la electricidad nos volvimos a enganchar a la Matrix, vimos por Instagram como la gente tomaba cervezas en la terraza y estuvo en la calle hasta altas horas de la noche. Fin del espejismo.

Y vuelvo a la pregunta ¿que pasaría si te quedases sin nada?

Cuando pienso en la muerte, me la imagino así, te despojan de todo lo que tienes, hasta de tu propio cuerpo. Ahora entiendo el desapego que predica el budismo, la ausencia de lo material te hace conectarte con tu espíritu, tu esencia, tu interior.

Entiendo que, cuanto más apego tengas a las cosas y al dinero, el batacazo será mayor, y no depende si eres rico o eres pobre. Hay ricos que viven la vida con desapego y pobres que solo piensan en trabajar, acumular dinero y objetos que creen que les darán más felicidad.

Imaginemos que nos despertamos un día en una estancia blanca, sin nada, no tenemos luz solar, ni reloj. El tiempo y el espacio han desaparecido.

Entraríamos en pánico, ¿dónde estoy, que hora es, que ha pasado con mi familia y con mis amigos?, empezaríamos a hiperventilar, nos entraría claustrofobia, pasaríamos por todos los estados, angustia, miedo, desesperación, rabia, así, hasta el agotamiento y después, la Nada.

Llegar a ese estado es haber bajado al infierno, es enfrentarte a ti mismo, una lucha sin tregua, y no hace falta ser un alcohólico o un ludópata. Simplemente, un día te quitan lo que más aprecias o a lo que más te estabas aferrando, como si a un abuelo le roban su bastón.

Cuando consigues vencerte a ti mismo, cuando ves que ya no tienes que temer y pierdes ese miedo, eres como un águila, miras las montañas desde el pico más alto. Pero, no hay que confiarse, una cosa es no tener miedo y otra es no ser precavido, el mundo sigue girando y el principal motor de rotación, sigue siendo el miedo.

Señales de por ahí…

Sí, soy la tonta que cree en el pensamiento mágico, hierbas medicinales, señales del universo, cartas astrales… esa soy yo. Pero ayer, con la puerta del conductor abierta y mis cosas puestas en el asiento, fui a meter algo al maletero y al cerrarle, mi bolso saltó de un brinco del asiento al suelo del parking de mi trabajo. El impulso de la puerta que hizo que el bolso perdiese el equilibrio, pensé… Que sé yo, por darle una explicación lógica. Cuando llegué al parking de mi casa quise repetir la operación, el bolso en el asiento, pegué el portazo con la puerta trasera y ¿qué pasó? Nada. Pensé que eran cosas mías, el bolso estaría mal colocado y cayó por su peso… aunque yo juraría que saltó como saltaba mi perra cuando quería salir del coche, dando impulso. Hoy me encontraba mal ya desde la mañana, como mareada. Fui bandeando la situación como pude, pero cuando iba en el coche camino al trabajo me asusté, los ojos se me cerraban y no era por sueño. Hice el trayecto como pude, pero al aparcar pedí al universo que me lo pusiese fácil y no tuviese que maniobrar mucho, no me veía capaz. Encontré dos plazas vacías y aparqué de frente. Gracias universo. Como me estaba encontrado bastante mal fui al médico de mi empresa y me midió la tensión, la tenía alta. Me dio una pastilla y cuando me encontré un poco mejor me fui despacito a casa. La verdad es que estoy como si me hubiese pasado un camión por encima y como soy una hierbas, los Reels que me aparecen en Instagram son de decoración, humor y temas de hierbas, así en general. Uno de ellos me ponía, «pídele una señal al universo, modo de empleo»… y yo pedí que fuese en sueños y el mensaje claro, que eso de las metáforas y cosas de libre interpretación, pues no. El ordenador estaba con la pantalla apagada, moví el ratón y ¿qué me encuentro? La pestaña con el blog abierta y,

pio pio que yo no he sido, ya que no escribía nada desde noviembre creyendo que había perdido la forma de entrar a volver a escribir.

Pues aquí estoy, si esto no es una señal, que venga Dios y lo vea.

Escuchar sin juzgar

María y Lola se conocen desde el instituto, han sido siempre como uña y carne, iban a clase juntas, salían de compras juntas, los fines de semana iban a la discoteca, el martini con limón, los bailes, las risas en el cuarto de baño, los ligoteos con unos y con otros, hasta que María se echó novio.

Poco a poco se fueron distanciando, María quería hacer más cosas en pareja y siempre le decía a Lola que si tuviese ella novio, podrían salir los 4 juntos. Lola no le apetecía echarse novio en ese momento, y echaba mucho de menos a su amiga del alma.

María solo llamaba a Lola para contarle sus penas. Cuando había discutido con su novio, quedaban a tomar un café. María decía que él era un egoísta, que le iba a dejar y Lola, con toda su buena intención, le decía que ella valía mucho y se merecía algo mejor. María había tenido sesión gratis de psicólogo y Lola se iba a casa cansada y con unos problemas que no eran suyos.

Al día siguiente, Lola llamó a María, para ver qué tal estaba. María estaba pletórica, muerta de amor por su chico, su alma gemela decía. -Pero, María, ¿si me dijiste que era un egoísta, que no te merecía?

– ¿Yo te he dicho tal cosa? ¡Mentira! Luis fue superatento, me pidió perdón y me invitó a comer a un sitio superromántico. Lola, lo que tienes que hacer es echarte novio y no ser tan amargada y envidiosa.

María y Lola poco a poco fueron dejando de ser amigas; ya prácticamente no se hablan.

Jorge y Mario son amigos de colegio, como Paco, el Chino y Manuel. Los primeros cigarros, los primeros pedos, todo lo hicieron juntos. Pero ellos dos siempre han tenido más conexión.


Jorge mandó un WhatsApp a Mario, «María y yo lo hemos dejado». Al cabo de una hora, Mario estaba llamando a la puerta de Jorge con unas latas de cerveza y unas patatas fritas de la churrería de la esquina.

Entre lata y lata, Jorge, entre sollozos, le contaba a su amigo sus tristezas, de que se había dado cuenta de muchas cosas, que quería mucho a María, pero ya era demasiado tarde.

Mario, en silencio, bebía su cerveza y abría una lata a su amigo cuando se terminaba la anterior, asentía y daba pequeñas palmaditas a su amigo en el hombro.

De repente hubo un silencio incómodo, en ese momento Jorge se sonaba la nariz con un clínex.

Mario apuró la cerveza levantándose del sofá y le dijo a Mario. -Mañana he quedado con estos para ir a pescar a la charca. ¿Te vienes? Jorge dijo:- Pero si no tengo caña…

-Da igual, yo te dejo una y total, para lo que pescamos …. Ja ja, ja. Y ves cómo ha tuneado el chino su coche, lo que nos pudimos reír el otro día. Mañana a las 5 te estoy llamando a la puerta, que hay que ir tempranito a pillar sitio.

Se dieron un largo abrazo, y Mario le recordó: – A las 5 estoy aquí y si estás en la cama te saco de los pelos, ¿ehhh? Dándole una palmada en la cara y otro abrazo, se despidieron.

No hay que ser muy listos para saber que, a día de hoy, siguen siendo buenos amigos.

No todos los hombres son como ellos, porque a las mujeres nos enseñaron a comunicarnos y nos dieron permiso para llorar, pero a los hombres no.

Quizás tengamos que aprender nosotras de ellos y ellos de nosotras. Ellos a hablar más, a expresar lo que sienten, y nosotras a hablar menos y a escuchar sin juzgar.

Luna

 El tema salió en una comida con la familia hace un par de semanas, el perrito de mi madre tiene ya 12 años y pensábamos que era un buen momento para que entrase un perrito nuevo, como perro de sustitución, ya sé que suena a coche, pero es la deformación profesional. 

Mi hermana comentó que la hermana de su jefa, después de morir sus padres en apenas un año de diferencia, sintió un vacío existencial, y decidió hacer un curso de adiestramiento canino. Obviamente, para ello necesitaría un perro. Y ni corta ni perezosa fue a un refugio a por uno. Ahí entra Luna en nuestra historia. Luna es una perra mestiza de labrador, negra, como la luna nueva. 

Ella, (la hermana de la jefa de mi hermana) nunca anteriormente había tenido perro y de repente tener a un perro adulto de 4 años, sin saber qué tipo de educación había tenido antes, se le hizo bola. La pobre Luna tenía ansiedad por separación y desde que ella se iba a trabajar las 6 de la mañana no paraba de llorar. Aparte de eso, la perra tenía otras manías adquiridas que se descubrieron más tarde. Resultado, se agobió y como le daba pena devolverla al refugio, le pasó la bola a su hermana. 

La jefa de mi hermana vio que el marrón le iba a caer a ella, ya que ni su marido, que viajaba mucho por trabajo, ni sus hijos adolescentes, se iban a hacer cargo de nuestra querida Luna. 

Y un día de la semana pasada, mi hermana y su jefa aparecieron en casa de mi madre para hacer la presentación, todos vimos fotos de la perra y ya pensamos que era muy grande para mi madre y que iba a necesitar largos y fogosos paseos. 

Y allí apareció ella, con su pelaje negro y brillante, sus ojitos tristes y ese rabo que se movía como un helicóptero. Y me enamoré. 

Todos en seguida entendimos que era muy grande para mi madre, que corría el riesgo que su ímpetu la tirase o que pudiese tropezar con ella y en seguida salió la idea de quedármela yo. Mi sonrisa debía de ser la luminosidad en persona, ya me imaginaba los paseos que me iba a dar con ella, de cómo jugaríamos a la pelota y rescataría el Frisby de mi anterior perra para tirárselo en el campo. 

Mi niña interior estaba como loca, rescatando a la perrita abandonada. Mi yo adulto recordó que no vivía sola y que tenía que convencer a mi pareja. 

Como él me dijo, le hice una emboscada, cuando la vio reconoció que era muy bonita, pero, que ya era adulto y que era más difícil que se acostumbrase a nosotros y recibiera nuevas normas de conducta, y otra cosa que olvidé, que nuestro gato Mishka aceptase la nueva situación. 

Mi niña seguía erre que erre… Nos la quedamos, ¿verdad, ¿verdad? ¿A que sí? ¿A que sí? 

A regañadientes él aceptó, y se vino con nosotros a casa ese mismo día. La perra era un amor, cariñosa, buena, se dejaba tocar por todos, no se cansaba nunca, tanto era así, que se chocó con una estatua de bronce de la plaza, creyendo que era una persona dispuesta a acariciarla, pobre.  

Yo me volqué con ella como si fuese lo único importante en el mundo, me sentía la gran salvadora de perros abandonados. 

Peeeero… tenía que venir él pero. El gato al principio dijo que esta era su casa y no se movía, pero después de varias persecuciones por parte de Luna, decidió que era mejor no acercarse a la casa cuando estaba ella cerca. 

Este hecho me causó mella, y ahí empezó mi descenso a la realidad. 

Como tenía la cartilla de la perra, hice mis pesquisas sobre el dueño anterior, vi que la dirección pertenecía a un local de un polígono industrial y empecé a unir puntos. 

Cuando la sacábamos al campo se volvía loca, como si fuese la primera vez que lo veía, y quizás fuese así. No distinguía fuera y dentro de casa para hacer sus necesidades, lo cual era muy engorroso para nosotros.  

Dedujimos que antes del refugio debía haber estado en algún local donde la sacarían al exterior de vez en cuando y apenas tuvo educación, bueno, alguien le tuvo que enseñar abrir puertas, eso se le daba muy bien. 

Mi niña interior entendió que no se podía quedar con nosotros, lloré amargamente, ya no la quería ver, para no seguir sufriendo. Y en esa posición de niña, salió mi herida de abandono y mi apego ansioso.  

Luna ha sido mi mejor terapeuta, vino a mostrarme mi espejo, a demostrarme que no tengo que salvar a nadie, sino que tengo que salvarme a mí misma. 

El tema lo saqué en mi sesión semanal de terapia, y me ayudó a hablar con mi niña interior, a cerrar la herida de abandono que tenía cuando mi padre se iba al bar y nos dejaba solos a mi madre y a mis hermanos hasta la hora de la cena. Consolé a mi niña, y le dije como adulta, no eres abandonable, ya no, porque aquí estoy yo, y nos tenemos la una a la otra.  

El sábado me despido de Luna, negra como la luna nueva, espero que encuentres a un dueño a tu altura, al que transformarás y amarás como has hecho conmigo. 

Abstracto

En mi viaje de la heroína (como se nota que voy a terapia…) me estoy dando cuenta que nunca me gustaron los moldes ni para los bizcochos. Que seguir el camino marcado nunca fue para mí, y que siempre fui una oveja que deseaba salirse del carril marcado camino al matadero.

Me gusta explicarme con abstracciones, ni blanco ni negro, moverme en esa gran gama de grises, desde el más obscuro al más claro, poder elegir color y tonalidad entre la amplia gama de Pantones. No me gustan las etiquetas y eso que crecí emperrada en que tenía que caber en una de ellas, como tener la 42 y querer entrar en la 38. No me daba cuenta de que mis huesos de la cadera no dejaban que se cerrase el pantalón a no ser que mi culo desapareciese de la ecuación.

Jugar con metáforas, con cosas que no se pueden ver o tocar, imaginar imposibles, castillos de arena, solo lo pueden bajar a tierra los artistas y los poetas.

Cuando era pequeña leía a Lorca, tenía unas preciosas metáforas elaboradas saliéndose de los clichés como dientes de nácar, lágrimas como perlas… En el romancero gitano dice:» … Toqué sus pechos dormidos, y se me abrieron de pronto como ramos de jacintos…» ¡Qué maravillosa alegoría! ¡Qué poema tan maravilloso! Mi madre me lo lleva recitando desde pequeña y en YouTube vi una versión declamada por Víctor Clavijo, que se me erizan los pelos de la nuca.

Por eso me gusta la abstracción, porque es usar la imaginación, es volar en clase privilegiada, es ver lo que otros no ven, y aceptar otras visiones que hagan crecer la tuya.

Oí por ahí que, cuando a Picasso le preguntaban que significaba el último cuadro que había pintado, se lo inventaba sobre la marcha vacilando de esa manera al periodista de turno. Estaba en todo su derecho de hacerlo, ya que la obra la había pintado él, luego ya no sé, si aceptaría las opiniones de los demás, ya que para el que pinta puede significar una cosa y para quien observa otra muy distinta.

Me gustaría exponer un cuadro y ver lo que comenta la gente al verlo, sería como Twiter (ahora X) habría admiradores y detractores, realmente la lección sería aprender de todos ellos, sin reaccionar ni positiva ni negativamente. Las redes sociales han perdido eso, cualquiera puede opinar, aunque no tenga ni idea del asunto y cualquiera puede reaccionar con la misma efusividad. Hemos perdido el poder de la observación, la calma y el autocontrol, así, todo de un plumazo.

Y la gran lección de todo esto es, poder mantener la calma tanto en una habitación vacía y en silencio, como en otra llena de gente y bullicio.

La parada

Y de repente paré, y el mundo siguió dando vueltas. Me preguntaron ¿Por qué paras, si estabas bien ayer, que te ha pasado? La maquinaria quiere que siga subida en la rueda del hámster.

Ha pasado que estoy muy cansada, llámalo menopausia, crisis de los 50, la tiroides que está desajustado… lo que te dé la gana, pero me bajé del autobús, ese que no sé a donde va.

Puedo decir a cualquier persona, si esto se te da fenomenal, es lo tuyo, adelante y estúdialo, te podrías dedicar a ello. Y yo, ¿Por qué no me lo puedo decir a mi misma? Podría hacer una bilocación y ver mi vida desde fuera y decirme yo esas cosas.

Me siento varada como una ballena en una playa, intento moverme, pero la marea no es suficientemente fuerte para que regrese al mar. Y tampoco me han salido patas para ser un anfibio y entrar tierra a dentro cuál tortuga.

Pues sí, estoy deprimida, tengo una depresión del carajo, pero es la enfermedad invisible que nadie se cree y me paso el día dando explicaciones y justificándome.

Ya he visto que nadie lee mi blog desde hace mucho con lo cual puedo escribir aquí sin pudor y si alguien lo lee y le sirve para algo, me alegraré mucho, y si no lo lee nadie pues nada, no me voy a presentar a los premios Planeta de los blogs.

Y sí, estoy yendo a terapia, porque no quiero estar mal, porque quiero ser feliz. Y no sé si hay reencarnación, pero me apetece una mierda reencarnarme. Quiero vivir plenamente esta vida y después pasar a ser polvo de estrellas.

Llevo 3 sesiones con la psicóloga, me ha dicho que es un proceso lento, y tanto que sí. El concepto del tiempo es muy variable, parece que llevo una eternidad de baja y cuando me toca ir al médico de cabecera me sorprendo y angustio de que haya llegado ya el día. Y, otra vez a justificarme, a decir que sigo igual, que me dé más tiempo. Que relativo es todo ahora.

La habitación cerrada

Tengo una habitación en mi casa, lleva mucho tiempo cerrada, está llena de trastos y de polvo. Cuando toco el pomo de la puerta se me pone un nudo en la garganta, la tengo que ordenar me digo, hago el amago de abrir, mejor otro día, y me voy a perder tiempo con cualquier cosa.

El otro día la abrí, así, sin pensar, y entré dentro. Me entró angustia e incluso me mareé un poco. Me faltaba el aire y me hice una bola en cuclillas en el suelo. No sé cuanto tardé en reaccionar y empecé a respirar más pausadamente y dejé de sentir palpitaciones en mi garganta. Levanté los ojos, solo vi oscuridad. Poco a poco mis ojos se fueron acostumbrando a la penumbra y empecé a divisar objetos entre las sombras, no me di cuenta de que los dientes me estaban rechinando. ¿Cuánto puede llevar esa caja ahí, 20 años? La tenía que haber tirado hace tiempo y estas telas, que bonitas son, eran para un vestido que nunca me hice.

Tengo que hacer orden, me vuelvo a repetir,y de repente me fijo que, por la persiana rota, se filtra un hilo de sol que ilumina mis manos.

Cicatrices

Una de las causas de que no se cure una herida es que se quede alojada en ella un cuerpo extraño, se cierra en falso y no cicatriza.

Es hora de sacar de mi alma todos los cuerpos extraños, llevan mucho tiempo conmigo, son como de la familia, pero ya no los necesito.

Cerrar heridas, empezar de nuevo.

La cicatriz seguirá allí, molestará cuando cambie el tiempo, será visible solo para mí, me hará recordar ese cuerpo extraño que dejé atrás para continuar con mi camino.