Tengo una habitación en mi casa, lleva mucho tiempo cerrada, está llena de trastos y de polvo. Cuando toco el pomo de la puerta se me pone un nudo en la garganta, la tengo que ordenar me digo, hago el amago de abrir, mejor otro día, y me voy a perder tiempo con cualquier cosa.
El otro día la abrí, así, sin pensar, y entré dentro. Me entró angustia e incluso me mareé un poco. Me faltaba el aire y me hice una bola en cuclillas en el suelo. No sé cuanto tardé en reaccionar y empecé a respirar más pausadamente y dejé de sentir palpitaciones en mi garganta. Levanté los ojos, solo vi oscuridad. Poco a poco mis ojos se fueron acostumbrando a la penumbra y empecé a divisar objetos entre las sombras, no me di cuenta de que los dientes me estaban rechinando. ¿Cuánto puede llevar esa caja ahí, 20 años? La tenía que haber tirado hace tiempo y estas telas, que bonitas son, eran para un vestido que nunca me hice.
Tengo que hacer orden, me vuelvo a repetir,y de repente me fijo que, por la persiana rota, se filtra un hilo de sol que ilumina mis manos.