Y de repente paré, y el mundo siguió dando vueltas. Me preguntaron ¿Por qué paras, si estabas bien ayer, que te ha pasado? La maquinaria quiere que siga subida en la rueda del hámster.
Ha pasado que estoy muy cansada, llámalo menopausia, crisis de los 50, la tiroides que está desajustado… lo que te dé la gana, pero me bajé del autobús, ese que no sé a donde va.
Puedo decir a cualquier persona, si esto se te da fenomenal, es lo tuyo, adelante y estúdialo, te podrías dedicar a ello. Y yo, ¿Por qué no me lo puedo decir a mi misma? Podría hacer una bilocación y ver mi vida desde fuera y decirme yo esas cosas.
Me siento varada como una ballena en una playa, intento moverme, pero la marea no es suficientemente fuerte para que regrese al mar. Y tampoco me han salido patas para ser un anfibio y entrar tierra a dentro cuál tortuga.
Pues sí, estoy deprimida, tengo una depresión del carajo, pero es la enfermedad invisible que nadie se cree y me paso el día dando explicaciones y justificándome.
Ya he visto que nadie lee mi blog desde hace mucho con lo cual puedo escribir aquí sin pudor y si alguien lo lee y le sirve para algo, me alegraré mucho, y si no lo lee nadie pues nada, no me voy a presentar a los premios Planeta de los blogs.
Y sí, estoy yendo a terapia, porque no quiero estar mal, porque quiero ser feliz. Y no sé si hay reencarnación, pero me apetece una mierda reencarnarme. Quiero vivir plenamente esta vida y después pasar a ser polvo de estrellas.
Llevo 3 sesiones con la psicóloga, me ha dicho que es un proceso lento, y tanto que sí. El concepto del tiempo es muy variable, parece que llevo una eternidad de baja y cuando me toca ir al médico de cabecera me sorprendo y angustio de que haya llegado ya el día. Y, otra vez a justificarme, a decir que sigo igual, que me dé más tiempo. Que relativo es todo ahora.