Abstracto

En mi viaje de la heroína (como se nota que voy a terapia…) me estoy dando cuenta que nunca me gustaron los moldes ni para los bizcochos. Que seguir el camino marcado nunca fue para mí, y que siempre fui una oveja que deseaba salirse del carril marcado camino al matadero.

Me gusta explicarme con abstracciones, ni blanco ni negro, moverme en esa gran gama de grises, desde el más obscuro al más claro, poder elegir color y tonalidad entre la amplia gama de Pantones. No me gustan las etiquetas y eso que crecí emperrada en que tenía que caber en una de ellas, como tener la 42 y querer entrar en la 38. No me daba cuenta de que mis huesos de la cadera no dejaban que se cerrase el pantalón a no ser que mi culo desapareciese de la ecuación.

Jugar con metáforas, con cosas que no se pueden ver o tocar, imaginar imposibles, castillos de arena, solo lo pueden bajar a tierra los artistas y los poetas.

Cuando era pequeña leía a Lorca, tenía unas preciosas metáforas elaboradas saliéndose de los clichés como dientes de nácar, lágrimas como perlas… En el romancero gitano dice:» … Toqué sus pechos dormidos, y se me abrieron de pronto como ramos de jacintos…» ¡Qué maravillosa alegoría! ¡Qué poema tan maravilloso! Mi madre me lo lleva recitando desde pequeña y en YouTube vi una versión declamada por Víctor Clavijo, que se me erizan los pelos de la nuca.

Por eso me gusta la abstracción, porque es usar la imaginación, es volar en clase privilegiada, es ver lo que otros no ven, y aceptar otras visiones que hagan crecer la tuya.

Oí por ahí que, cuando a Picasso le preguntaban que significaba el último cuadro que había pintado, se lo inventaba sobre la marcha vacilando de esa manera al periodista de turno. Estaba en todo su derecho de hacerlo, ya que la obra la había pintado él, luego ya no sé, si aceptaría las opiniones de los demás, ya que para el que pinta puede significar una cosa y para quien observa otra muy distinta.

Me gustaría exponer un cuadro y ver lo que comenta la gente al verlo, sería como Twiter (ahora X) habría admiradores y detractores, realmente la lección sería aprender de todos ellos, sin reaccionar ni positiva ni negativamente. Las redes sociales han perdido eso, cualquiera puede opinar, aunque no tenga ni idea del asunto y cualquiera puede reaccionar con la misma efusividad. Hemos perdido el poder de la observación, la calma y el autocontrol, así, todo de un plumazo.

Y la gran lección de todo esto es, poder mantener la calma tanto en una habitación vacía y en silencio, como en otra llena de gente y bullicio.

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