Escuchar sin juzgar

María y Lola se conocen desde el instituto, han sido siempre como uña y carne, iban a clase juntas, salían de compras juntas, los fines de semana iban a la discoteca, el martini con limón, los bailes, las risas en el cuarto de baño, los ligoteos con unos y con otros, hasta que María se echó novio.

Poco a poco se fueron distanciando, María quería hacer más cosas en pareja y siempre le decía a Lola que si tuviese ella novio, podrían salir los 4 juntos. Lola no le apetecía echarse novio en ese momento, y echaba mucho de menos a su amiga del alma.

María solo llamaba a Lola para contarle sus penas. Cuando había discutido con su novio, quedaban a tomar un café. María decía que él era un egoísta, que le iba a dejar y Lola, con toda su buena intención, le decía que ella valía mucho y se merecía algo mejor. María había tenido sesión gratis de psicólogo y Lola se iba a casa cansada y con unos problemas que no eran suyos.

Al día siguiente, Lola llamó a María, para ver qué tal estaba. María estaba pletórica, muerta de amor por su chico, su alma gemela decía. -Pero, María, ¿si me dijiste que era un egoísta, que no te merecía?

– ¿Yo te he dicho tal cosa? ¡Mentira! Luis fue superatento, me pidió perdón y me invitó a comer a un sitio superromántico. Lola, lo que tienes que hacer es echarte novio y no ser tan amargada y envidiosa.

María y Lola poco a poco fueron dejando de ser amigas; ya prácticamente no se hablan.

Jorge y Mario son amigos de colegio, como Paco, el Chino y Manuel. Los primeros cigarros, los primeros pedos, todo lo hicieron juntos. Pero ellos dos siempre han tenido más conexión.


Jorge mandó un WhatsApp a Mario, «María y yo lo hemos dejado». Al cabo de una hora, Mario estaba llamando a la puerta de Jorge con unas latas de cerveza y unas patatas fritas de la churrería de la esquina.

Entre lata y lata, Jorge, entre sollozos, le contaba a su amigo sus tristezas, de que se había dado cuenta de muchas cosas, que quería mucho a María, pero ya era demasiado tarde.

Mario, en silencio, bebía su cerveza y abría una lata a su amigo cuando se terminaba la anterior, asentía y daba pequeñas palmaditas a su amigo en el hombro.

De repente hubo un silencio incómodo, en ese momento Jorge se sonaba la nariz con un clínex.

Mario apuró la cerveza levantándose del sofá y le dijo a Mario. -Mañana he quedado con estos para ir a pescar a la charca. ¿Te vienes? Jorge dijo:- Pero si no tengo caña…

-Da igual, yo te dejo una y total, para lo que pescamos …. Ja ja, ja. Y ves cómo ha tuneado el chino su coche, lo que nos pudimos reír el otro día. Mañana a las 5 te estoy llamando a la puerta, que hay que ir tempranito a pillar sitio.

Se dieron un largo abrazo, y Mario le recordó: – A las 5 estoy aquí y si estás en la cama te saco de los pelos, ¿ehhh? Dándole una palmada en la cara y otro abrazo, se despidieron.

No hay que ser muy listos para saber que, a día de hoy, siguen siendo buenos amigos.

No todos los hombres son como ellos, porque a las mujeres nos enseñaron a comunicarnos y nos dieron permiso para llorar, pero a los hombres no.

Quizás tengamos que aprender nosotras de ellos y ellos de nosotras. Ellos a hablar más, a expresar lo que sienten, y nosotras a hablar menos y a escuchar sin juzgar.

Como hemos cambiado

Decía Bunbury: » Hace tiempo que ya no te veo ¿ habremos cambiado? probablemente, si»

Soy una nostálgica de los 90,lo sé.

Tenemos amigos de la infancia, del Instituto, del trabajo,cuando te das cuenta, echas la vista atrás y hace más de 20 años que conoces a alguien. Son muchos años, y durante ese tiempo pasan muchas cosas. Tus ideas pueden cambiar o mantenerse, el aguante y los límites varían, y mucho. Y en una conversación te das cuenta que lo que tenías en común ha desaparecido y discrepáis totalmente en muchos temas y en cosas que para ti son importantes el otro las ningunea o directamente le quita importancia. Me entristece llegar a estas conclusiones, pero las cosas hay que aceptarlas como vienen y ya está.

En estos tiempos es fácil poner excusas, la distancia, las restricciones, mil cosas que hacen que se te quiten las ganas de mandar un mísero mensaje de WhatsApp y se va abriendo un abismo y esa amistad se apaga como una vela.

Y te pones a pensar y te dices, por un lado mi esencia sigue intacta pero por otro, te haces viejo de repente, sin arrugas en la frente pero con ganas morir….. ¡¡Joder!! Parezco a mi madre que le salen canciones cada vez que le vas a decir algo.

¡¡ Arriba Space !!

El Space era una discoteca de los 90 y principios de los 2000, ahora he visto que se llama Lab The club. Es gracioso que le hayan puesto ese nombre,porque otra cosa no sería, pero las pastillas rulaban como piruetas.

Esa frase la decía mucho una amiga cuando estaba eufórica y cerraba bares

Bares,discotecas y lo que se le pusiera por delante. Lo malo venia después, cuando después del subidón-subidón, venía el bajón- bajonazo y eso no era tan guay.

He tenido varias amigas bipolares, 2 diagnosticadas y 2 o 3 que no lo estaban, pero su ánimo era como una montaña rusa.

Según he leído sobre el tema, coincide perfectamente con ellas: “Se caracteriza por sufrir altos y bajos extremos en el estado de ánimo, como puede ser ir de la euforia a la depresión”.

Suelen ser personas muy divertidas, con muchos amigos, les gusta las emociones fuertes, drogas, alcohol, sexo. Curiosamente los amigos de la fiesta no son los amigos del infierno, os podéis preguntar porqué.

Yo empecé siendo una amiga de fiesta, me lo pasaba tremendamente bien, sus intensidades iban muy bien con las mías, compartíamos muchos gustos. Al llegar el bajón, muchos se fueron, pero yo me considero amiga de mis amigas y me quedé. Es muy duro ver como una persona se derrumba, como entra en su propio infierno, estuve con ellas, las apoyé de forma incondicional.

Estar en estados de euforia es como una droga dura y siempre quieres volver. De una forma u otra, todos,en algún momento de nuestra existencia hemos jugado con esa sensación, y es adrenalina pura.

Tuve una amiga (sin diagnosticar) que después de llevar llorando a moco tendido porque su novio pasaba de ella,llegó el sábado, se disfrazó de gogó y lo siguiente que recuerdo es verla bailar en una plataforma para dar celos a su ex novio. Obviamente yo se lo recriminé, y le recordé como habían sido los días pasados, que por arte de magia, había olvidado.

En cero coma, pasé de ser la mejor amiga del mundo, a ser la amiga coñazo.

No se puede ser la salvadora de almas perdidas y más cuando estas no quieren ser salvadas. No soy terapeuta, ni creo que lo sea nunca. Creí ser buena amiga, pero me decepcioné, una y otra vez.

No soy la única amiga coñazo, conozco a varias, y tampoco las llaman para la fiesta.

Las personas tienen un limite, se cansan y se van. Los amigos de la fiesta se acojonan cuando ven el infierno, no mola nada, y al final solo queda la soledad. Pero no esa soledad guay de que bien estoy conmigo misma, no. La soledad chunga, la de que no te soportas a ti mismo, normal que no me soporten los demás.

Estas dos amigas tenían tratamiento farmacológico, no estoy muy a favor de las pastillas, prefiero la terapia. Os podéis imaginar por donde se pasaban el tratamiento….

No sé que habrá sido de ellas, espero que hayan encontrado el equilibrio, aunque éste a veces, resulta ser un poco aburrido.