Esta es la época de mi vida que mas consciente soy de mi soledad, la estoy disfrutando como nunca, hay días buenos, días regulares y días que son la hostia el estar contigo misma.
Siempre me ha gustado estar sola, he tenido un mundo interior muy complejo, de pequeña me inventaba juegos, historias…
Coincidí poco tiempo para jugar con mis hermanos (mayores que yo), cuando yo era niña ellos eran adolescentes y estábamos a años luz.
Mientras eres pequeña vas sorteando estas soledades como puedes, unas veces estas con amigas del cole, otras con tus primos y otras jugando en el patio con mis cacharritos y hojas de hiedra,eso si, a la sombra,que las insolaciones son muy malas.
Cuando las hormonas empiezan a revolucionarse, lo de estar solo no se lleva tan bien, te apetece intercambiar conversaciones,besos,fluidos…
Luego llegan las parejas, que algunas veces estas mas sola en pareja que cuando no la tienes. La relación se rompe y ¡ Chas! vuelves al mercado.
Te apuntas a Tinder y tonteas a lo bestia, eso te da un subidón de autoestima tremendo, pero es mas falso que los filtros de Instagram.
Y te dices, sola estoy estupendamente, subo,bajo, vuelvo cuando quiero, estoy con quien me da la gana… Lo puedes mantener por un tiempo, pero eso no es estar sola, es estar mal acompañada.
Después de 2 relaciones y mucho Tinder (solo cuando estaba “sola”) me he dado cuenta quien es la soledad, una tía maja, se puede estar con ella.
Te das permiso a sentirte a ti mismo, a soltar tu miedo, tu rabia, tu tristeza, a disfrutar de ti, de tu compañía, de tus pensamientos y de tu cuerpo. No estas recluida en un convento,quedas con amigos pero no derrochas energía con extraños, a lo tonto.
Me ha costado relacionarme con mi cuerpo, siempre lo he tratado como algo sexual, algo externo,la mente por un lado y el cuerpo por otro. Ahora lo trato de otra manera, con amor, con sensualidad,me siento mas conectada física y emocionalmente.
Recomiendo encarecidamente un momento spa contigo misma, a solas: tu, agua caliente, automasaje, sentir y disfrutar.
Suena a cliché pero, ¿Quíen mejor para darte placer que tú mismo?