Dicen que estas curada cuando cuentas algo traumático para ti y ya no lloras. Yo ya apenas lloro cuando cuento como pasé el confinamiento, “confitamiento” para los que no pararon de hacer bizcochos, pero ese no fue mi caso.
Llevaba un mes en Barcelona y 3 días antes de que cerrasen el chiringuito mi pareja y yo fuimos a ver a su hijo a las Palmas de Gran Canaria, y al volver el 14 de marzo las aerolíneas decidieron prescindir del asiento del medio de los aviones para mantener la distancia de seguridad y dejar a medio pasaje fuera en la puerta de embarque, apelotonado y sin mascarillas.
En el momento que mi pareja me dijo que me había quedado sin asiento se me cortó el desayuno y me fui corriendo al baño del disgusto.
Pues ahí estaba yo en la puerta de embarque con cientos de pasajeros cabreados y bien juntitos, quejándose de que porqué no podían subir a su avión. El ya estaba sentado en su asiento y yo con una calma inusual en mi, le dije que todo iba a ir bien.
Oí a una chica decir que había visto a una francesa enseñar su billete electrónico impreso y que le habían dado un nuevo asiento, pues yo ni corta ni perezosa hice lo mismo, y pasé la pasarela como en algún concurso que ahora no me acuerdo. Nunca había visto despegar así un avión,según subimos se cerraron las puertas y se puso en marcha, solo le faltó hacer ruedas, por lo visto estaban cerrando el espacio aéreo y no querían perder mas tiempo.
Y ya al regreso me encontré en un piso que no era mio, encerrada, sin trabajo y sin saber que hacer. Mi pareja trabajaba en una empresa química que hacía los geles hidroalcohólicos y al ser un producto de primera necesidad no paró su producción. El no sintió el encierro, solo el estrés de no parar de trabajar,hizo mas horas que el Sol.
La palabra que puede definir todo ese tiempo es espera. Me pasaba el tiempo esperando,a que pasasen las horas, a las 5 que empezaban los programas de reformas en el canal Dkiss, que me los tragaba todos,esperando a que se acabase todo y poder ir a ver a mi familia y a que regresase de trabajar mi pareja, Fui incapaz de hacer gimnasia,cursos,todo lo que decía la gente que hacía, yo me ponía y el 2º día ya me había cansado,me sentía bloqueada.
Como en “cruz de navajas” yo era Maria la que se quedaba con ganas pues Mario llegaba cansado y se acostaba pronto,que por un lado era totalmente lógico, si te has pasado todo el día currando. Pero yo, que llevaba todo el día sola, me sentía una sola acompañada. Yo entendía su situación pero nunca sentí que él entendiese la mía, o al menos no me lo expresó.
La pandemia sirvió como acelerante para muchas relaciones, lo que podría haber descubierto en 3 años yo lo descubrí en 1.
Tengo que decir que yo no tengo miedo a la soledad, me lo paso muy bien conmigo misma pero cuando te obligan y estas en un lugar en el que no te sientes cómoda, es otra cosa.
Pasado el tiempo y de contar tus penas a tus amigos por aquí y por allá, lo que me pasó,ya no lo veo tan grave.
Lo que si es para reflexionar es,todas las personas que no han contado su historia, que han estado encerradas con sus maridos o mujeres y los niños en 40 m²,eso si es un drama.
Quieren aprobar una ley de salud mental y espero que salga adelante, la considero absolutamente necesaria, son tantas historias que no se han contado, tantos sentimientos reprimidos ,que no sé por donde va a reventar la cosa y no se sabe que pasará en el futuro con las personas que no han podido superar ese periodo, porque simplemente lo omitieron y siguieron hacia delante por que su drama aun no ha acabado.