Tengo un gato precioso, es peludo, naranja, adorable y va a su puta bola.
Mi gato tiene un morro que se lo pisa, su vida consiste en comer, dormir, que le hagan mimitos y cuando se cansa clava las uñas en mi cabecero en señal de, o me abres la puerta del patio o sigo.
Sabe que me despierto en cuanto clava la primera uña y le abro la puerta para que se vaya de juerga, de tejado en tejado.
Alguna vez me digo, en mi próxima vida quiero ser gato casero y vivir como un rey. A la mañana siguiente, según estoy preparándome el desayuno le oigo, miaaaaaauuuuuu, para que le abra la puerta y desayune él también.
¡Es tan adorable! le abro,se pone boca arriba para que le acaricie la tripa y así todos los días. Luego vuelve a pedirme que le abra la puerta y de vuelta a los tejados.
Y pensando me pregunté si este comportamiento existe en los humanos y si, existe. Son “algunos” hombres casados.
Son una especie que debería estar en peligro de extinción, pero por ahora siguen por ahí, se les puede ver en aplicaciones tipo Tinder y en otras totalmente anodinas como apalabrados o sudokus, no es broma, aprovechan para ligar en cualquier sitio para que no les pillen.
Son seres egoístas que lo quieren todo, suelen llevar muchos años con la misma mujer que normalmente también es la madre de sus hijos. Tienen la ropa limpia, la mesa puesta y el calor familiar, pero,según ellos, les falta morbo, el juego de ocultarse y el miedo-gusto de que les puedan pillar.
En cuanto pueden salen por los tejados a tontear con las gatitas del vecindario. Esta perspectiva la tengo desde el lado de la amante, pero yo no tenía ninguna intención de que dejase a su mujer, su estatus me servia para no tener problemas de compromiso.
Tonta la que se crea que van a dejar a su mujer, y si la dejan por ti, pasas a ocupar su lugar, el de amante esposa y cornuda. Mejor ser amante a secas que cornuda, aunque pienso que algunas mujeres también están cómodas en esa posición, y se hacen las locas mirando para otro lado, otras mas ilusas, siguen pensando que su marido es un santo varón y que a ellas eso no les va a pasar.
Solo hay una diferencia entre ellos y los gatos, que corren el peligro de que sus mujeres ya no les encuentren tan adorables y se encuentren la puerta cerrada a la hora del desayuno.