Le conocía de oídas, estaba siempre de baja, creo que tenía cáncer pero no sé de que clase,llevaba mas tiempo en la empresa que los propios jefes.
Cuando le conocí fue como ver a un pavo real, un afrocubano de mas de metro ochenta pavoneándose con las compañeras, no daba palo al agua, solo contaba sus historias con sus amantes, pollas por aquí pollas por allá. Ellas estaban encantadas de escucharle y él de ser el centro de atención.
Le vi muy pocas veces, a lo mejor en un mes aparecía un día. Le pagaban por el inglés, en una ocasión le pase a unos clientes y fue peor el remedio que la enfermedad, no sé que coño les contó, pero no me solucionó nada.
Uno de esos días que se dejaba caer por la oficina me lo crucé camino al baño. Le saludé y me sonrió con una mueca.
Debió de bajar la guardia pero, vi en sus ojos el miedo, pánico mas bien, no sé a que, a la vida, a la muerte, no lo sabré nunca.
En ese instante, se mostró tal y como era, solo lo pude ver yo, sin mascaras, sin plumas. Solo un hombre aterrorizado consigo mismo.