Me crié en un nido de alas rotas, se las fueron partiendo los unos a otros de generación en generación, solo se unían con otros alas rotas,es lo que vi desde que nací.
No les juzgo, normalizas lo que ves en casa y te parece que eso es lo correcto, creces con ese miedo e inculcas a tus polluelos que volar es malo, que te puedes caer y hacer daño, que si otros vuelan felices es porque han tenido suerte.
Y así crecí, pero yo siempre he querido volar, y eso no estaba bien visto en mi clan, una vez tras otra me cortaron las alas cada vez que hacia el intento, ellos pensaban que lo hacían por mi bien.
Pero como Ícaro salí al exterior y volé muy alto, hice piruetas y todo, pero me faltaba técnica, no me la habían enseñado y acabé como el hombre alado de la calle Milaneses empotrada contra un edificio. Y ahí me estaban esperando, para decirme que ya me lo avisaron. Pero yo soy muy testaruda y he tenido muchos vuelos accidentados.
Y siguiendo la tradición hice nido con otros alas rotas, que inconscientemente también tenían ese miedo y me lo transmitían a mi, y me cortaban las alas como hacia mi familia, en cuanto me asomaba a la ventana.
Pero saturada de tanto sufrimiento y quebranto me cansé, volví a mi nido unifamiliar e hice como la metáfora de las águilas que se retiran cuando se encuentran con sus miembros envejecidos y débiles, se arrancan las plumas, pico y uñas esperando a que le salgan de nuevo, y como los niños a los que les castigan a la habitación de pensar, me quede ahí, pensando y esperando mi renacimiento cuan Ave Fenix.
Ahora estoy creando cimientos a mis castillos en el aire y citando a Alberto Cortéz,quiero volar como las gaviotas,libre en el aire, por el aire libre y los demás mirando desde el suelo, se quedaran guardando la cordura.