Como hemos cambiado

Decía Bunbury: » Hace tiempo que ya no te veo ¿ habremos cambiado? probablemente, si»

Soy una nostálgica de los 90,lo sé.

Tenemos amigos de la infancia, del Instituto, del trabajo,cuando te das cuenta, echas la vista atrás y hace más de 20 años que conoces a alguien. Son muchos años, y durante ese tiempo pasan muchas cosas. Tus ideas pueden cambiar o mantenerse, el aguante y los límites varían, y mucho. Y en una conversación te das cuenta que lo que tenías en común ha desaparecido y discrepáis totalmente en muchos temas y en cosas que para ti son importantes el otro las ningunea o directamente le quita importancia. Me entristece llegar a estas conclusiones, pero las cosas hay que aceptarlas como vienen y ya está.

En estos tiempos es fácil poner excusas, la distancia, las restricciones, mil cosas que hacen que se te quiten las ganas de mandar un mísero mensaje de WhatsApp y se va abriendo un abismo y esa amistad se apaga como una vela.

Y te pones a pensar y te dices, por un lado mi esencia sigue intacta pero por otro, te haces viejo de repente, sin arrugas en la frente pero con ganas morir….. ¡¡Joder!! Parezco a mi madre que le salen canciones cada vez que le vas a decir algo.

Cuando el tiempo te para

En un principio creí que fui yo la artífice, que tomé yo la decisión de todo, yo dejaba mi trabajo y mi vida en Madrid, que me enamoraba y me desenamoraba,y que yo decidía la hora de volver. Que equivocada estaba.

Cuando decidí volver a mi casa, a mi hogar, creía que a golpe de varita todo volvería a ser como enero de 2020 y no se puede volver a pasar por el mismo rio, ya no eres la misma agua.

El universo me tenia preparado una sorpresa y me dijo, no vas a volver a tu rutina laboral, no vas a volver a hacer lo mismo que antes, vas a trabajar en ti, a ser tú,de una santa vez.

Soy un poco testaruda y me cuesta caerme del burro, pero me caí y vaya golpe. Y me enfadé y di patadas a las ruedas mientras mi madre me cantaba : “yo quiero un tebeo, yo quiero un tebeo, si no me lo compras rabio y pataleo” ¡ Dios! Que rabia me daba.

Y entre pataletas y lloros me di cuenta que si o si me tenia que hacer cargo de mi misma, de lo que realmente quería ser, de como quería sentirme y verme.

Y el universo me despojó de todo lo que no me hacia falta y yo creía que si, me volvió minimalista a la fuerza.

Nada mas llegar a Madrid me puse a tirar todo, ropa vieja mía y de mi ex, como las locas.A moverme de acá para allá, a salir andar al campo como vaca sin cencerro (frase de mi abuela) y de repente una noche a oscuras, !zas¡, me llevé con el dedo pequeño del pie el canapé de la cama, ¡ Ayyyy que dolor!

Pues ni andar ni a la puerta de la calle podía, luego resultó que cuando fui al medico me lo había roto y que se me estaba curando solo, menos mal que me vendé yo misma los dedos porque si no se me hubiese quedado el dedo mirando a Cuenca.

Ese fue el primer toque.

El segundo fue cuando quise volver a mi trabajo, había pedido una excedencia y pensé que podía volver cuando yo quisiera, pues no. Que yo la había pedido en febrero y que hasta que no se cumpliese el año nada. ¡ Estábamos en mayo! y yo me dije ¿ Y ahora que hago?

Pues de rabia tiré el canapé y eché el colchón al suelo,tuve que esperar a estar mejor del pie, claro. Descubrí que tampoco se duerme tan mal y yo que soy de dar muchas vueltas me di cuenta que ahora no sonaba nada, antes eso parecía un barco pirata en una tormenta.

Y me puse a vender cosas, la mesilla, trastos viejos que tenía por ahí… Luego me he dado cuenta que no hay que pasarse con esto del desapego.

Continuara….