Los tesoros esperan su momento a ser descubiertos

Esta frase me vino esta mañana, en el hospital, acompañando a mi madre a su 3ª sesión de ciclo (sí, tiene cáncer, pero por ahora no voy a abordar ese tema, quizás en otra ocasión). Le habían preparado una cama, en vez de estar en las sillas que tienen habitualmente en el hospital de día. ¡Viva la Seguridad Social y las enfermeras que son ángeles reencarnados!


Bueno, que me pierdo. Como las estancias en esa sala suelen ser largas, hay revistas para que pacientes y acompañantes se puedan entretener. Yo cogí un National Geographic, que da igual la fecha que sea, siempre encuentras artículos interesantes.
Abrí una de las páginas y vi un yacimiento tartésico en la provincia de Badajoz, se mantenía en muy buen estado porque fue enterrado apropósito haciendo un tumulto de tierra (hay varios en la zona). Y eso me hizo pensar. Las personas que enterraron esas edificaciones no querían que se perdiesen por el paso del tiempo y tuvieron la esperanza de que algún día alguien las desenterrase. La cuestión es ¿cual sería el motivo?.Y este caso me hace reflexionar sobre todas las excavaciones que hay en todo el mundo, las que se publican y las que se ocultan. ¿Qué querrían decirnos nuestros antepasados? Es algo que me fascina, están ahí, bajo tierra, esperando su momento a ser descubiertas.

Como hemos cambiado

Decía Bunbury: » Hace tiempo que ya no te veo ¿ habremos cambiado? probablemente, si»

Soy una nostálgica de los 90,lo sé.

Tenemos amigos de la infancia, del Instituto, del trabajo,cuando te das cuenta, echas la vista atrás y hace más de 20 años que conoces a alguien. Son muchos años, y durante ese tiempo pasan muchas cosas. Tus ideas pueden cambiar o mantenerse, el aguante y los límites varían, y mucho. Y en una conversación te das cuenta que lo que tenías en común ha desaparecido y discrepáis totalmente en muchos temas y en cosas que para ti son importantes el otro las ningunea o directamente le quita importancia. Me entristece llegar a estas conclusiones, pero las cosas hay que aceptarlas como vienen y ya está.

En estos tiempos es fácil poner excusas, la distancia, las restricciones, mil cosas que hacen que se te quiten las ganas de mandar un mísero mensaje de WhatsApp y se va abriendo un abismo y esa amistad se apaga como una vela.

Y te pones a pensar y te dices, por un lado mi esencia sigue intacta pero por otro, te haces viejo de repente, sin arrugas en la frente pero con ganas morir….. ¡¡Joder!! Parezco a mi madre que le salen canciones cada vez que le vas a decir algo.

Cuando el tiempo te para

En un principio creí que fui yo la artífice, que tomé yo la decisión de todo, yo dejaba mi trabajo y mi vida en Madrid, que me enamoraba y me desenamoraba,y que yo decidía la hora de volver. Que equivocada estaba.

Cuando decidí volver a mi casa, a mi hogar, creía que a golpe de varita todo volvería a ser como enero de 2020 y no se puede volver a pasar por el mismo rio, ya no eres la misma agua.

El universo me tenia preparado una sorpresa y me dijo, no vas a volver a tu rutina laboral, no vas a volver a hacer lo mismo que antes, vas a trabajar en ti, a ser tú,de una santa vez.

Soy un poco testaruda y me cuesta caerme del burro, pero me caí y vaya golpe. Y me enfadé y di patadas a las ruedas mientras mi madre me cantaba : “yo quiero un tebeo, yo quiero un tebeo, si no me lo compras rabio y pataleo” ¡ Dios! Que rabia me daba.

Y entre pataletas y lloros me di cuenta que si o si me tenia que hacer cargo de mi misma, de lo que realmente quería ser, de como quería sentirme y verme.

Y el universo me despojó de todo lo que no me hacia falta y yo creía que si, me volvió minimalista a la fuerza.

Nada mas llegar a Madrid me puse a tirar todo, ropa vieja mía y de mi ex, como las locas.A moverme de acá para allá, a salir andar al campo como vaca sin cencerro (frase de mi abuela) y de repente una noche a oscuras, !zas¡, me llevé con el dedo pequeño del pie el canapé de la cama, ¡ Ayyyy que dolor!

Pues ni andar ni a la puerta de la calle podía, luego resultó que cuando fui al medico me lo había roto y que se me estaba curando solo, menos mal que me vendé yo misma los dedos porque si no se me hubiese quedado el dedo mirando a Cuenca.

Ese fue el primer toque.

El segundo fue cuando quise volver a mi trabajo, había pedido una excedencia y pensé que podía volver cuando yo quisiera, pues no. Que yo la había pedido en febrero y que hasta que no se cumpliese el año nada. ¡ Estábamos en mayo! y yo me dije ¿ Y ahora que hago?

Pues de rabia tiré el canapé y eché el colchón al suelo,tuve que esperar a estar mejor del pie, claro. Descubrí que tampoco se duerme tan mal y yo que soy de dar muchas vueltas me di cuenta que ahora no sonaba nada, antes eso parecía un barco pirata en una tormenta.

Y me puse a vender cosas, la mesilla, trastos viejos que tenía por ahí… Luego me he dado cuenta que no hay que pasarse con esto del desapego.

Continuara….